El pasado viernes, teníamos que entregar nuestro plan de
trabajo para el Proyecto Personal de este verano con la finalidad no solo de
cubrir los meses requeridos para CAS, sino de emprender nuevos retos y escoger
nuestro nuevo desafío. Llegó el día, y no tenía nada que presentar, días antes noche
buscaba desesperadamente a qué voluntariados podía incorporarme, pero no tuve
éxito.
Este sábado fue un sábado totalmente distinto a los demás.
Salía del museo del Banco Central de Reserva para un informe de Arte. Me sentía
bien porque creí haber hecho un buen trabajo allí, Arte es de los pocos por no
decir el único curso en el que las cosas me salen bien y le tengo un cariño
especial porque es también un hobbie que me gusta. Iba por el centro de Lima
camino a la Biblioteca Nacional de la Av. Abancay, y vi unos dibujos hechos en
las mismas losetas de la avenida cerca a la pared, vi uno tras otro hasta que me
encontré con un pequeño, cerca tenía una lata para darle dinero, estaba
pintando uno de sus dibujos en el piso y al costado escribió algo que me motivó
a liderar con inspiración este
desafío: “Apoya el Arte” … No sabía qué hacer, me sentí súper mal de ver a ese niño en esas
condiciones, dibujaba bien y manejaba bien sus materiales, sólo tenía humildes
bolsas con tiza en polvo. Busqué la
verdad y actué con coherencia al pararme a su costado, tenía pocas monedas
en la lata y le deposité dinero, me
alegró notar cómo la gente se acercaba a mirarlo y a dejarle dinero así sean céntimos
o un sol. Lo llamaba pero no me escuchaba por la bulla del ambiente y le dije “¡Amiguito!”,
volteó con un rostro triste y decaído y le pregunté “¿Cuántos años tienes?”, me
dijo “11”, le pregunté “¿Haces esto todos los días?”, y me dijo “No, sólo los sábados”.
Tenía prisa por llegar a la biblioteca y le dije “Ahí te he dejado cinco soles,
sigue así”; su rostro cambió completamente y me dijo “¡Gracias!” algo ronco y
tímido, me despedí diciendo “¡Mucha suerte!” y moviendo sus cabellos con mi mano.
Definitivamente me alegró el día, de hecho me arrepentí
de no haber conversado más con él ni haberle preguntado su nombre. Horas
después me imaginé hablarle frecuentemente y me he ido tomando cada vez más
enserio la idea de dedicarme a este niño como Proyecto Personal. Siempre he
pensado que la mejor forma de transmitir el mensaje que queremos dar es
concentrarnos en un solo niño y conocerlo cada vez más para encariñarte con él
y ganarte su confianza. Por creatividad creo que estoy escogiendo un proyecto
diferente y también podría desarrollar la creatividad del niño enseñándole todo
lo que he aprendido de Arte; por acción podría enseñarle demás cursos o quizá
enseñarle valores que probablemente no se le haya inculcado, pero sobretodo
enseñarle a sentir con la Iglesia y el
mundo; y finalmente por servicio estaría dispuesto a comprometerme y esforzarme dos meses y quizá más tiempo en
dedicarme a él los sábados a conocernos,
aceptarnos y superarnos para que
no solo sea un mejor artista sino una mejor persona.
Sé que fue una irresponsabilidad de mi parte no haber entregado
mi proyecto el viernes, pero en cierto modo no me arrepiento porque no hubiera
tomado a ese niño como opción para el proyecto. Sé que aún no hay nada concreto
y que debo preguntarle si quiere ser parte de esto. Me encanta dibujar y ver
escrito en el piso “Apoya el Arte” me conmovió totalmente y aunque haya pasado
pocos minutos con él, creo que fueron suficientes para sentir el vínculo que
hay en ambos. Si el colegio me lo permite, estaría encantado de hacerle la
propuesta al pequeño y regalarle por lo menos un panetón para que comparta con
su familia.

































