Tuvo que pasar un mes para escuchar algo esperado desde
la última vez que visitamos un agradable lugar, donde la tristeza desparecía de
forma mágica, para darle lugar a una felicidad inquebrantable. Como todos deben
estar especulando, estoy hablando de Casita de la Paz; un lugar que
definitivamente más que necesitar por una nota, extrañaba mucho. Extrañaba a
cada uno de los niños: su inocencia, su dulzura,
su cariño; y la paz que necesitaban de nuestra parte, y la que personalmente necesitaba
de parte de los niños.
Aunque la verdad no se podría decir que escuché que me
tocaba realizar la visita esta semana, porque mientras el tutor habló respecto
al tema y estábamos organizando actividades,
cometí el error de distraerme en plena explicación. De lo que estaba seguro era
de que el salón se distribuiría en 4 grupos: Matemática, Ingles, Liderazgo, y
Arte. Con lo que un grupo: Liderazgo y Arte, irían esta semana; a raíz de esto
supuse que la próxima irían Matemática e
Ingles, donde me designaron Matemática. Pero un día antes de la visita, cuando
todos los permisos estaban ya recogidos, me enteré que durante la semana habían
dicho que no había forma de que ningún grupo vaya la próxima semana; con lo que
me quedaban dos opciones, o ir a Llanavilla (otro lugar de ayuda social) o
quedarme sin visita hasta el próximo bimestre. Definitivamente no había forma
de querer ir a Llanavilla, porque me quedaba el resentimiento de no poder
acompañar a los niños de la Casita, por mi culpa e irresponsabilidad. Por lo que traté de hacer hasta lo imposible
por ir a la Casita, y se me ocurrió mandar mi permiso escaneado al correo de mi
tutor, pidiéndole que por favor me permite ir a la casita y que por ese correo
me de una respuesta si iría o no. Horas más tarde fue un alivio leer una
respuesta positiva a mi correo, diciendo que podía ir con la condición de
entregar mi permiso el día de la visita, en físico.
El sábado cuando ya era hora, luego de pasar un buen
susto el día anterior, nos reunimos todos en el tablazo como lo habíamos
acordado previamente; y a diferencia de la vez pasada, quedaba menos tiempo
para juntarnos porque esta vez el bus venía a las 11:30 am, la hora exacta en
la que acababa nuestra catequesis de Confirmación. Aproximadamente 15 min más
tarde, entramos todos en el bus y partimos rumbo a Casita de la Paz. Al llegar,
noté que había menos niños de los que había la vez pasada. Estuve algo
preocupado, y pensando que les pudo haber pasado a los niños. Sobretodo por la
ausencia de un niño que marcó mi experiencia de la visita anterior, Romel. Era
el más carismático, quien más cariño mostraba hacia nosotros, nos tenía más
confianza, y las ganas por vivir y compartir un momento con nosotros a pesar de
su enfermedad y de no tener una pierna; pero lamentablemente no lo encontré ese
día y me quede muy triste por no poder contar con él durante esta visita.
Todos
preocupados buscamos la
verdad preguntando dónde estaban los demás niños y
una encargada, nos contó que algunos estaban en quimioterapia, y nos contó
también algo que me dolió mucho, dijo que la permanencia de ningún niño era
segura. Muy aparte de la consecuencia mortal que tiene esta enfermedad, la
organización que maneja Casita de la Paz, Fuente de Vida, hace de vez en cuando
que los niños roten de sede. Es decir en cualquier momento un niño puede rotar
a otro lugar de reposo y puede que algún día dejemos de verlos. Entonces
preferí quedarme con la duda, en lugar de preguntar específicamente por Romel,
y tal vez escuchar lo peor y que me duela profundamente.
Pero una vez más, la tristeza desapareció de forma
mágica. Mientras una voluntaria se encargaba de enseñarle la importancia de
consumir frutas y verduras a los niños, me ponía a pensar donde pudiera estar
Romel. Cuando de repente apareció entre las mesas, mochilas y piernas de mis
compañeros; un niño que había llegado recién esa semana, y que desde que vi
reflejado en su rostro una sonrisa inocente y llena de felicidad, me tomó de la
mano para que lo acompañe a jugar, lo que implicaba separarme de mis compañeros
mientras estos esperaban a que la actividad de la voluntaria acabase, y desde
allí empezó una de mis mejores experiencias como persona. Se trataba de Jaden,
un niño de más o menos 7 años que desde un inicio demostró tener muchas ganas
de jugar con nosotros, especialmente un juego de ‘la cárcel’, y en el transcurso
de la visita nos fuimos dando cuenta que era demasiado hiperactivo.
Apenas llegamos al parque para jugar con los niños, me
encontré también con una niña que me caía muy bien desde la visita pasada,
Margarita era entusiasta le buscaba apodos a cada uno de nosotros y se veía muy
alegre de poder compartir un tiempo con nosotros.
Por otro lado Jaden quería
seguir jugando a la cárcel, un juego algo raro que consistía en agrupar a unos
cuantos compañeros para que Jaden nos pegue o nos tire de un lado a otro. En
fin, cuando debíamos hacer nuestras actividades grupales planificadas previamente, Jaden se
negaba a jugar en grupo porque prefería seguir jugando con nosotros a la cárcel
y además notamos una cara de tristeza en él pero afortunadamente logramos
convencerlo. Nuestra primera actividad grupal era juntar a todos los niños en
un cuadrado para que estos puedan dibujar lo que quieran con unas tizas en
cartulinas negras A3. Como era de esperarse, Jaden quería dibujar una cárcel y
lo ayudé a dibujar una cárcel del tamaño de toda la hoja para que pueda meter a
todos en esa cárcel gigante.
Luego seguimos con un grupo de amigos, lideramos con inspiración jugando nuevamente a la cárcel pero esta vez
Jaden quería desplazarse por otra parte del parque y así lo hicimos. Pasaron
los minutos y propusimos otro juego grupal, ‘Teléfono malogrado’ con el que
juntamos a todos los niños y los dividimos en dos columnas para que con un
plumón grueso escriban el mensaje en una hoja. Pero esto no fue más que un
intento fallido, pues a los niños no les gustó la idea de jugar un juego como
este. Mientras pensábamos en cual sería un juego que les pueda gustar a los
niños, estuvimos todos distraídos y no nos dimos cuenta de que Jaden se había
metido el plumón a la boca, nadie sabía que hacer y lamentablemente vino un
compañero que no conocía bien a Jaden y le arranchó el plumón. Entonces él se
puso muy molesto, triste, nos dio la espalda y no quería que le habláramos; hasta
que se nos ocurrió preguntarle si quería su plumón de vuelta y de la nada
sonrió y nos dijo que sí, entonces le dijimos lo peligroso que era meterse un
plumón a la boca, nos prometió que no lo volvería a hacer y dibujo otra cárcel
con plumón. Desde allí lo conocimos, aceptamos sus defectos y virtudes, y
superamos cualquier obstáculo, dándonos cuenta de que no podíamos quitarle
algo a Jaden a la fuerza, porque al ser hiperactivo no podemos interrumpir lo
que esta haciendo: como el ejemplo de dejar de jugar a la cárcel para pintar en
grupo, o el ejemplo del plumón y eso es algo que no sabía y que debemos tener
en cuenta para nuestra próxima visita.
Estábamos algo aburridos,
nos quedaba poco tiempo, y a alguien se le ocurrió la genial idea de jugar ‘Policías
y ladrones’ y en cuestión de segundos todos los niños dejaron atrás el
aburrimiento y mostraron muchas ganas de jugar este último juego. Sin dudarlo, actuamos con coherencia y dejamos que Jaden escoja y él rápidamente dijo
que quería ser policía. Entonces cuando dimos la señal para empezar a jugar
Jaden me llamó agarrando y moviendo mi mano, para que lo acompañe a cumplir su
sueño: Ser un policía y atrapar la mayor cantidad de ‘ladrones’ para meterlos a
la cárcel y golpearlos cuantas veces quiera. Me pidió subirse en mis hombros y
con toda confianza le permití hacerlo, cuando intenté correr con él encima mío,
me di cuenta que sería algo complicado alcanzar a mis compañeros porque iba
demasiado lento y me cansaba rápido. Por lo que le dije que los sorprenderíamos
por detrás para que sea mucho más fácil atraparlos; luego atrapamos a una buena
cantidad de ladrones y Jaden se sintió muy feliz y realmente se divirtió.
Acabo el juego, regresamos a
la casa y ya era hora de irnos, al entrar me di cuenta que muchos de los niños
que vi la vez pasada, y creí que se habían ido, estaban almorzando regresando
de la quimioterapia. Y estuve más tranquilo hasta que me note que no estaba
Romel, me preocupe mucho y estaba triste porque tal vez no volvería a verlo
hasta que un compañero le preguntó a una de las mamás donde estaba Romel, y nos
dijo que había regresado a su ciudad natal, pero que volvería a mediados de
mayo. Luego de escuchar esto estuve mucho más tranquilo y pude irme en paz, no
sin antes despedirme de Jaden, un niño que cambió lo mal que me sentía ese día
y le prometí que regresaría pronto. Espero con muchas ganas un nuevo llamado de
mi tutor para regresar a la casita y poder jugar con Romel y Jaden juntos para
poder pasar un día mucho más divertido de lo que fueron estas dos visitas.




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