Por fin, había llegado el Segundo Bimestre y todos
teníamos entre nuestras prioridades volver cuanto antes a la Casita de la Paz. Ya
teníamos unas ideas para visitar a los niños. Pero un miércoles de esa semana recuerdo
perfectamente que volviendo del recreo y listos para intercambiar de salones,
nuestro tutor vino inesperadamente al aula para evitar que nos fuéramos porque
tenía que decirnos algo muy importante y doloroso. Sabíamos que esto podía
pasar en cualquier momento por obvias razones, pero no teníamos idea que fuera
a pasar tan rápido. Ese día, nuestro tutor nos contó con mucha pena que uno de
los niños, Ángel, había fallecido esa mañana. Algunos llegaron hasta las
lágrimas y a mi me hubiera encantado derramar algunas porque fue un niño muy
tranquilo, callado, estaba en silla de ruedas por no tener una pierna, y se le
notó en nuestras dos salidas que estaba muy cansado. Lo que más me apena de
todo esto fue que no pude dedicarle el tiempo que me hubiese gustado darle, pero
ahora todos sabemos que hay un Ángel en el cielo que guía cada día nuestro
proyecto de Ciudad de Dios, y cuida también cada día a los niños.
Debíamos tratar de levantar cabeza luego de este duro
golpe, pero sinceramente fue muy difícil tanto por parte nuestra como de la
casita. Queríamos despedirnos de Ángel, pero no contestaban, nosotros estábamos
desesperados, y todo se complicó más. Hechos como estos se supone que sirven
para unir más a una comunidad y la verdad, nos costó mucho, primero tuvimos que
conocernos, aceptarnos y superar este mal momento. Esto tuvo que continuar y luego de un tiempo, coordinamos y organizamos las actividades de lo que sería nuestra 3º visita.
Con una herida muy marcada, llegó el día en el
debíamos hacer la visita. Llegamos y notamos que los niños tenían la misma
actitud y la misma alegría al vernos de siempre, lo que fue un verdadero alivio
y sinceramente nos motivó a hacer las cosas bien. Algo que ya veía venir era la
muy probable ausencia de Jaden, comentaba con mis compañeros que también
jugaron con él respecto a su probable ausencia ya que me enteré que Jaden no
tenía cáncer y solo iba a acompañar a su hermano, Ángel. Esto me dio mucha pena
tan solo con pensar en la reacción que haya tenido al momento de enterarse de
la lamentable muerte de su hermano. Sin embargo, encontré a alguien que desde
el principio me cayó muy bien, Margarita, mientras almorzaba me di cuenta que
ya casi ni tenía pelo y no quería aunque fue inevitable pensar el momento en el
que sea su turno.
Hicimos la primera actividad, que consistía en
enseñarles a los niños palabras en inglés para que tengan un poco de Internacionalidad, uno de los pilares
Agustinos. Esta divertida dinámica se
desarrolló con algunos carteles con la palabra y arriba imágenes de lo que
queremos que aprendan. Y luego de esta, hicimos una fila para presentarnos a
los niños como si fuera la primera visita, solo que esta vez fue de forma un
poco más formal y buscamos que ellos nos tomen no tanto como unos amigos, lo
cual no esta mal, sino que nos vean más como unos líderes en quienes puedan
confiar. Esta idea surge luego de actuar con coherencia y hacer una autoevaluación que hicimos en clase, luego de darnos cuenta que
tal vez nuestro propósito en el proyecto no era bien captado por parte de los
niños, ya que no nos hacían caso, los mimábamos mucho y se distraían y
dispersaban rápido cuando queríamos presentarles alguna dinámica en grupo.
Cuando nos trasladábamos al parque, veía a Anderson
que se divertía manejando una bicicleta de juguete, y al ver que por fin no
estaba uno de mis compañeros a su costado, aproveché para hablar con él y
volvernos amigos.
Lo estaba logrando, hasta que recién volteaba una cuadra con
Anderson y su bicicleta y de la nada apareció una niña muy pesada, aunque
delgada, que se subió a mi espalda y cuando la escuche sonreír con su peculiar
carcajada cerca a mi oreja, no lo pensé dos veces, era Margarita.
La lleve todo el trayecto desde la casita hasta el
parque, y cuando la solté en el gras, sentí que me dolía mucho la espalda. Hicimos
algunas actividades planificadas previamente en el pasto, todos juntos mirando uno de los juegos que había por allí,
donde se iba a realizar una dinámica para que los niños identifiquen a qué
animal estaban representando mis compañeros, y lo tenían que decir en Inglés
para darles una carita feliz en la frente.
Allí algo que me dolió mucho fue que
cuando Margarita les estaba poniendo caritas a algunos de sus amigos, muchos de
mis compañeros me comentaron que Margarita no les caía para nada bien. Dicho
sea de paso, uno de mis objetivos en este proyecto también sería lograr que mis
compañeros se encariñen con ella y no la vean tanto como la que “malogra el
grupo”, sino como una de las más entusiastas y juguetonas de la Casita, quisiera
y les ayudaría a buscar la verdad, para que se den cuenta esa es realmente Margarita.
Hablando de ella, no puedo evitar mencionar la parte
fea de la visita, y muy dura dicho sea de paso. Cuando tocaba la parte de
recreación, los niños juagaron a lo que más les entretenía. Yo buscaba a uno de
los niños para jugar y se acerca Margarita una vez más para que la cargue en mi
espalda, se encontró con una de sus amigas y le dijo que juguemos a carrera de
caballos.
El tramo era muy largo e hicimos una parada, sentía que ya no podía
más y le dije que por favor no se sube, ella quería seguir jugando y cuando se
subió yo sinceramente no sabía que hacer, mi cuerpo estaba casi sin equilibrio,
tambaleando un poco, inestable, etc. De nada iba a servir que le dijera que
baje porque no me iba a escuchar, así que intenté seguir corriendo y en apenas
unos pasos ya estaba muy cansado y sentía que mi espalda no aguantaría más. Rápidamente
me caí, Margarita salió disparada hacia adelante y no puedo explicar lo destrozado que me sentía
cuando la vi caer, gritar de dolor, y sobretodo la cara de dolor que puso
mientras rodaba en el piso. Traté de actuar
con coherencia al primero pedirle perdón y luego preguntarle dónde era que
se había golpeado, entonces la llevé donde Gabriela, compañera que como planificamos en la semana, sería la
encargada de consolar a los niños.
Finalmente espero que Margarita no esté molesta
conmigo luego de este incidente, ya que al regresar a la casa para irnos,
pregunte por ella y me dijeron que estaba en su cuarto con una mamá para
curarla de los raspones. Haciendo una autocrítica de todas las visitas, me
gustaría un poco ‘cambiar mi chip’ de centrarme en un solo niño como vengo
haciéndolo desde el inicio, sino también quisiera encariñarme con los demás y que
la mayoría sienta confianza conmigo, el cual es un objetivo que tengo desde que
llegué por primera. Ahora, como lo dije anteriormente, mi objetivo es que toda
la comunidad vea que Margarita no es la ‘pieza fea del grupo’, y que la
conozcan más para que se den cuenta de quien realmente es y no la juzguen tanto
por su forma de ser.





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