domingo, 24 de agosto de 2014

BITÁCORA Nº 7: A TRASLADAR LADRILLOS A UN NUEVO LUGAR

 Había muchas ganas de volver a Casita de la Paz y mejorar nuestro proyecto. Pero las buenas vibras iban desapareciendo en los primeros días del bimestre, se corría el rumor de un cambio de proyecto y lo tomaba como una broma. Discrepaba totalmente con la idea de abandonar a los niños de la casita para ayudar a otra gente, ni pensarlo.  Pero nuestro tutor hizo oficial la noticia, los rostros de desconsuelo de mis compañeros eran impactantes; saber que como proyecto no iríamos a darle el cariño que dábamos a los niños fue algo que nadie en el salón podía creer. Saber que nuestro nuevo proyecto sería Llanavilla no fue suficiente para consolar a un salón que sólo quería darles calidad de vida a niños únicos en el mundo, niños en quienes cada uno de nosotros estábamos completamente enamorados, esos niños sólo pertenecían a Casita de la Paz.

Tuvimos que organizar actividades en el bus y sin que podamos creerlo las ideas fluían con normalidad, como si hubiésemos trabajado juntos todo el año. Planeamos  usar ‘flashcards’ para que los niños aprendan los nombres de algunos animales en inglés y como era de costumbre para 4º “E” la clase acabaría con la oración final. El bus hizo una parada y 4º “E”  nos daba la bienvenida al proyecto, la hora había llegado. Hicimos nuestro ingreso y sucedió algo que a inicios de año nunca había pensado que llegara a suceder, veía con mis propios ojos un lugar que antes veía solo en fotos, veía la realidad de los niños de Llanavilla.


Los niños tardaron en llegar, y mientras venían observe el lugar y no podía creer que haya niños que estudien en un lugar muy humilde, además de tener que cruzar carreteras peligrosas donde ellos o sus acompañantes pueden salir lastimados. Una vez que llegaron entramos a nuestras respectivas aulas para dar inicio a las clases, allí nos presentaron y veía que los niños estaban ansiosos por conocer nuestras cualidades.

Me tocó enseñar a las mujeres, en mi grupo estábamos algo tímidos, y ni yo pude creerlo pero tomé la iniciativa en una actividad por primera vez en el año y lideré con inspiración poniendo los  ‘flashcards’ sobre la mesa y tratando de hacer la actividad lo más dinámica y entretenida posible. Al igual que en Casita de la Paz, nuestras actividades les aburrían dentro de media hora y aquí viene la parte con la que me quedo dela visita. Bajé mi cabeza hasta donde estaban las niñas y les pregunté si estaban aburridas, me dijeron que si y mientras me pedían un cambio de actividad, Estrella junto a su amiga agarraron la capucha de mi polera y la pusieron en mi cabeza, se rieron y mi amarraron las pitas de la capucha cómo si estuvieran ahorcándome, sus rostros de alegría y sus carcajadas no pueden explicarse con palabras, Estrella puso sus manitos en mis cachetes y me dijo: “¡Caperucito plomo!”, ella junto a su amiga soltaron unas carcajadas increíbles mientras me veían como estoy en la foto y sinceramente creí haber actuado con coherencia y haber logrado lo que se hace en un primer día de un proyecto Ciudad de Dios, ganarte la confianza de los niños y hacerles sentir que soy alguien en quienes pueden confiar.


Les concedimos su petición y llevamos a todos los niños del salón al patio, y las niñas sin dudarlo cogieron una pelota rosada grande para jugar algo parecido al vóley, seguían sonriendo cada vez más y más y se divertían sin que ellas se den cuenta en comunidad.


Ya era hora de irse, no sin antes hacer un ‘feedback’ de lo trabajado en el día y llegamos a la conclusión que habíamos hecho un buen papel, y que podíamos formar un gran equipo entre estos dos salones y trabajar en comunidad para construir la ciudad que queremos a fin de año en Llanavilla.



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