miércoles, 30 de abril de 2014

BITÁCORA N°3: 2º VISITA A CASITA DE LA PAZ

Tuvo que pasar un mes para escuchar algo esperado desde la última vez que visitamos un agradable lugar, donde la tristeza desparecía de forma mágica, para darle lugar a una felicidad inquebrantable. Como todos deben estar especulando, estoy hablando de Casita de la Paz; un lugar que definitivamente más que necesitar por una nota, extrañaba mucho. Extrañaba a cada uno de los niños: su inocencia, su  dulzura, su cariño; y la paz que necesitaban de nuestra parte, y la que personalmente necesitaba de parte de los niños.
Aunque la verdad no se podría decir que escuché que me tocaba realizar la visita esta semana, porque mientras el tutor habló respecto al tema y estábamos organizando actividades, cometí el error de distraerme en plena explicación. De lo que estaba seguro era de que el salón se distribuiría en 4 grupos: Matemática, Ingles, Liderazgo, y Arte. Con lo que un grupo: Liderazgo y Arte, irían esta semana; a raíz de esto supuse que  la próxima irían Matemática e Ingles, donde me designaron Matemática. Pero un día antes de la visita, cuando todos los permisos estaban ya recogidos, me enteré que durante la semana habían dicho que no había forma de que ningún grupo vaya la próxima semana; con lo que me quedaban dos opciones, o ir a Llanavilla (otro lugar de ayuda social) o quedarme sin visita hasta el próximo bimestre. Definitivamente no había forma de querer ir a Llanavilla, porque me quedaba el resentimiento de no poder acompañar a los niños de la Casita, por mi culpa e irresponsabilidad.  Por lo que traté de hacer hasta lo imposible por ir a la Casita, y se me ocurrió mandar mi permiso escaneado al correo de mi tutor, pidiéndole que por favor me permite ir a la casita y que por ese correo me de una respuesta si iría o no. Horas más tarde fue un alivio leer una respuesta positiva a mi correo, diciendo que podía ir con la condición de entregar mi permiso el día de la visita, en físico. 

El sábado cuando ya era hora, luego de pasar un buen susto el día anterior, nos reunimos todos en el tablazo como lo habíamos acordado previamente; y a diferencia de la vez pasada, quedaba menos tiempo para juntarnos porque esta vez el bus venía a las 11:30 am, la hora exacta en la que acababa nuestra catequesis de Confirmación. Aproximadamente 15 min más tarde, entramos todos en el bus y partimos rumbo a Casita de la Paz. Al llegar, noté que había menos niños de los que había la vez pasada. Estuve algo preocupado, y pensando que les pudo haber pasado a los niños. Sobretodo por la ausencia de un niño que marcó mi experiencia de la visita anterior, Romel. Era el más carismático, quien más cariño mostraba hacia nosotros, nos tenía más confianza, y las ganas por vivir y compartir un momento con nosotros a pesar de su enfermedad y de no tener una pierna; pero lamentablemente no lo encontré ese día y me quede muy triste por no poder contar con él durante esta visita.

Todos preocupados buscamos la verdad  preguntando dónde estaban los demás niños y una encargada, nos contó que algunos estaban en quimioterapia, y nos contó también algo que me dolió mucho, dijo que la permanencia de ningún niño era segura. Muy aparte de la consecuencia mortal que tiene esta enfermedad, la organización que maneja Casita de la Paz, Fuente de Vida, hace de vez en cuando que los niños roten de sede. Es decir en cualquier momento un niño puede rotar a otro lugar de reposo y puede que algún día dejemos de verlos. Entonces preferí quedarme con la duda, en lugar de preguntar específicamente por Romel, y tal vez escuchar lo peor y que me duela profundamente.
Pero una vez más, la tristeza desapareció de forma mágica. Mientras una voluntaria se encargaba de enseñarle la importancia de consumir frutas y verduras a los niños, me ponía a pensar donde pudiera estar Romel. Cuando de repente apareció entre las mesas, mochilas y piernas de mis compañeros; un niño que había llegado recién esa semana, y que desde que vi reflejado en su rostro una sonrisa inocente y llena de felicidad, me tomó de la mano para que lo acompañe a jugar, lo que implicaba separarme de mis compañeros mientras estos esperaban a que la actividad de la voluntaria acabase, y desde allí empezó una de mis mejores experiencias como persona. Se trataba de Jaden, un niño de más o menos 7 años que desde un inicio demostró tener muchas ganas de jugar con nosotros, especialmente un juego de ‘la cárcel’, y en el transcurso de la visita nos fuimos dando cuenta que era demasiado hiperactivo.  

Apenas llegamos al parque para jugar con los niños, me encontré también con una niña que me caía muy bien desde la visita pasada, Margarita era entusiasta le buscaba apodos a cada uno de nosotros y se veía muy alegre de poder compartir un tiempo con nosotros.

 Por otro lado Jaden quería seguir jugando a la cárcel, un juego algo raro que consistía en agrupar a unos cuantos compañeros para que Jaden nos pegue o nos tire de un lado a otro. En fin, cuando debíamos hacer nuestras actividades grupales planificadas previamente, Jaden se negaba a jugar en grupo porque prefería seguir jugando con nosotros a la cárcel y además notamos una cara de tristeza en él pero afortunadamente logramos convencerlo. Nuestra primera actividad grupal era juntar a todos los niños en un cuadrado para que estos puedan dibujar lo que quieran con unas tizas en cartulinas negras A3. Como era de esperarse, Jaden quería dibujar una cárcel y lo ayudé a dibujar una cárcel del tamaño de toda la hoja para que pueda meter a todos en esa cárcel gigante.


Luego seguimos con un grupo de amigos, lideramos con inspiración jugando nuevamente a la cárcel pero esta vez Jaden quería desplazarse por otra parte del parque y así lo hicimos. Pasaron los minutos y propusimos otro juego grupal, ‘Teléfono malogrado’ con el que juntamos a todos los niños y los dividimos en dos columnas para que con un plumón grueso escriban el mensaje en una hoja. Pero esto no fue más que un intento fallido, pues a los niños no les gustó la idea de jugar un juego como este. Mientras pensábamos en cual sería un juego que les pueda gustar a los niños, estuvimos todos distraídos y no nos dimos cuenta de que Jaden se había metido el plumón a la boca, nadie sabía que hacer y lamentablemente vino un compañero que no conocía bien a Jaden y le arranchó el plumón. Entonces él se puso muy molesto, triste, nos dio la espalda y no quería que le habláramos; hasta que se nos ocurrió preguntarle si quería su plumón de vuelta y de la nada sonrió y nos dijo que sí, entonces le dijimos lo peligroso que era meterse un plumón a la boca, nos prometió que no lo volvería a hacer y dibujo otra cárcel con plumón. Desde allí lo conocimos, aceptamos sus defectos y virtudes, y superamos cualquier obstáculo,  dándonos cuenta de que no podíamos quitarle algo a Jaden a la fuerza, porque al ser hiperactivo no podemos interrumpir lo que esta haciendo: como el ejemplo de dejar de jugar a la cárcel para pintar en grupo, o el ejemplo del plumón y eso es algo que no sabía y que debemos tener en cuenta para nuestra próxima visita.

Estábamos algo aburridos, nos quedaba poco tiempo, y a alguien se le ocurrió la genial idea de jugar ‘Policías y ladrones’ y en cuestión de segundos todos los niños dejaron atrás el aburrimiento y mostraron muchas ganas de jugar este último juego. Sin dudarlo, actuamos con coherencia y dejamos que Jaden escoja y él rápidamente dijo que quería ser policía. Entonces cuando dimos la señal para empezar a jugar Jaden me llamó agarrando y moviendo mi mano, para que lo acompañe a cumplir su sueño: Ser un policía y atrapar la mayor cantidad de ‘ladrones’ para meterlos a la cárcel y golpearlos cuantas veces quiera. Me pidió subirse en mis hombros y con toda confianza le permití hacerlo, cuando intenté correr con él encima mío, me di cuenta que sería algo complicado alcanzar a mis compañeros porque iba demasiado lento y me cansaba rápido. Por lo que le dije que los sorprenderíamos por detrás para que sea mucho más fácil atraparlos; luego atrapamos a una buena cantidad de ladrones y Jaden se sintió muy feliz y realmente se divirtió.


Acabo el juego, regresamos a la casa y ya era hora de irnos, al entrar me di cuenta que muchos de los niños que vi la vez pasada, y creí que se habían ido, estaban almorzando regresando de la quimioterapia. Y estuve más tranquilo hasta que me note que no estaba Romel, me preocupe mucho y estaba triste porque tal vez no volvería a verlo hasta que un compañero le preguntó a una de las mamás donde estaba Romel, y nos dijo que había regresado a su ciudad natal, pero que volvería a mediados de mayo. Luego de escuchar esto estuve mucho más tranquilo y pude irme en paz, no sin antes despedirme de Jaden, un niño que cambió lo mal que me sentía ese día y le prometí que regresaría pronto. Espero con muchas ganas un nuevo llamado de mi tutor para regresar a la casita y poder jugar con Romel y Jaden juntos para poder pasar un día mucho más divertido de lo que fueron estas dos visitas.

martes, 22 de abril de 2014

BITÁCORA N°2:1º VISITA A CASITA DE LA PAZ

Luego de aproximadamente dos semanas de espera, por fin llegó el sábado en el que nos tocaría visitar por primera vez al centro de ayuda social al cual nos debemos por todo este año. Me refiero a Casita de la Paz, la cual, como su nombre lo dice es una casa ubicada en Surco, que alberga niños entre cinco y trece años que padecen de una enfermedad terminal como el cáncer; donde mamás y voluntariados se encargan de darles mucho amor, cariño y sobretodo una mejor calidad de vida.

Durante esa semana, algunos minutos de tutoría, los invertimos en organizar actividades, y además algo que me pareció muy importante antes de realizar esta actividad fue que en comunidad nos conocimos, aceptamos y superamos algunas dificultades que teníamos al momento de escoger o asignar quien iba a cada grupo para interactuar  con los niños. Una vez terminada la Catequesis de Confirmación (aproximadamente 11:30 a.m.), como lo habíamos planificado previamente, nos reunimos todos en el tablazo del colegio para verificar que todos o la gran mayoría estén presentes para poder ir a almorzar a algún restaurante o centro comercial cercano, porque buscamos la verdad al consultarle a una señora si era el horario adecuado y dijo que justo a esa hora los niños estaban almorzando y actuamos con coherencia,  ya que acordamos que no sería nada justo ni agradable para los niños vernos comer alimentos que ellos no podían por su enfermedad, como grasas, azúcares, etc. Luego de compartir un buen tiempo en comunidad, regresamos al colegio para concentrar todos juntos con nuestro tutor, esperar el bus y partir rumbo a Casita de la Paz.

Cuando el bus hizo una parada y miraba alrededor, no tenía idea de que habíamos llegado a la casita, porque parecía una casa común y corriente donde vivir. Al entrar nos dimos cuenta de un detalle que con el transcurso del día verificamos que sería importante; y es que al entrar, nos esperaba Romel, un niño de aproximadamente nueve años que a pesar no tener una pierna, con sus muletas fue lo más rápido que pudo a darnos la bienvenida. Pasamos todos hasta la sala para explorar un poco el lugar y fue inevitable priorizar nuestra vista en los niños, quienes se veían un poco cansados por obvias razones y me dio muchísima pena ver a niños tan pequeños y con toda una vida por delante en esas condiciones, viviendo encerrados todos por la misma razón, rapados, algunos ya hasta sin pelo, mirándonos con temor, y que probablemente vivan pensando en que algún día no tan lejano vayan a morir.


En cuanto a la estructura, notamos que era una casa algo pequeña de dos pisos como para que un grupo de ocho o hasta diez niños vivan allí. Lo único amplio por así decirlo era la sala, ya que otros lugares como la cocina, el comedor y hasta los almacenes eran muy pequeños. Además de su zona de recreación que parecía más un almacén porque estaban sus muñecos, algunos materiales para ‘doctores vida’ y algunas mesas y silla; como podemos ver en la imagen, el techo que cubre esta zona está algo gastado por lo que como comentábamos, sería bueno cambiarlo y además pintar las paredes con algunas caricaturas como las que hay en la entrada y en gran parte de la casa.

Dejando de lado la tristeza, llegaría el momento para realizar las actividades que teníamos para los niños, por lo que el salón se dividió en dos y como ya habíamos planeado, un grupo se iría al parque para jugar con la mitad de  niños y otro grupo se quedaría en la casa para hablar con otro grupo de niños. Mi grupo fue el de los juegos, por lo que salí con mis compañeros y con los niños al parque más cercano que había y en el que solían jugar. En el recorrido, veíamos como los niños corrían y se divertían como niños normales y con ganas de jugar, pero pese a esto lamentablemente no pude sonreír porque me puse a pensar en el que algún día morirán y aún estaba algo chocado con la realidad con la que me tocaba y me tocará trabajar a lo largo del año. Hasta que de la nada, vino tan rápido como pudo Romel y me preguntó “¿Por qué estas triste?” y como me lo esperaba los compañeros que estaban a mi alrededor se rieron porque es como la gente me ve a pesar de que a veces esté feliz, y él sin tener idea de lo que ocurría miraba como se reían los demás y le dije “Así soy”, entonces con algunas dudas volteó y siguió a paso rápido su camino hasta al parque y desde allí no se me fue de la cabeza esa pregunta que me hizo, y me la repetía en mi memoria una y otra vez cada vez que veía a Romel andar a paso rápido con sus muletas.

Cuando llegamos al parque hicimos una ronda y nos sentamos, donde mezclábamos alumnos con los niños y allí nuestro tutor, Antonio Cangalaya una vez más lideró con inspiración y nos explicó el juego, el cual consistía en pasar entre todos una pelota de fútbol y en algún momento dado alguien que estaba de espaldas decía “¡Stop!” y la persona que tenía la pelota se paraba y nos contaba un poco de sí mismo y los niños propusieron algunos divertidos castigos. Allí tanto nosotros mismos como los niños pudimos conocernos, aceptarnos y superar nuestros miedos al momento de contarle a todos un poco de nosotros y cumplir con el castigo, además conocimos un poco más a los niños y cuando terminó el juego todos nos pusimos de pie, nos comprometimos, nos esforzamos y jugamos lo que más nos gustaba.


Pese a que no era nada bueno en ese juego, yo escogí fútbol porque allí estaba Romel y quería ver que era capaz de hacer con sus muletas. Luego de formar los equipos, llegaría la hora de jugar y dejando a todos con la boca abierta, Romel se convirtió en todo un ‘crack’ de fútbol, jugando de una manera espectacular, dominando bien el balón y ‘llevándose’ a casi todos, siendo casi imposible detenerlo. A partir de allí, viendo como jugaba él y como jugaban todos los demás, mi idea de niño con cáncer cambio radicalmente porque reflexioné y me pude dar cuenta que no importaban los miles de problemas que pueda tener en mi día a día como persona o como alumno del diploma, ya que estos eran ridículos comparados con padecer del cáncer infantil y además de eso, me di cuenta que esos niños eran mucho más felices que yo, y luego de llegar a esa conclusión me emocioné casi hasta las lágrimas mientras descansaba luego de que acabara el pequeño partido de fútbol.




Pasaron algunos minutos y me puse a jugar otros juegos con otros niños, mientras veía como los niños se divertían me di cuenta que como salón, logramos que cada uno de nosotros liderara con inspiración cada juego que proponíamos jugar. Hasta que en el último juego en específico, mata gente, ya se hacía tarde y nos tocaba regresar a la casa, cuando miraba a mi alrededor, miraba los niños y además de sacarme una sonrisa, disfrutando de los juegos y de la felicidad de cada uno de ellos, fue inevitable recordar algunos momentos de mi infancia, cuando de pequeño iba a un parque con mis hermanos y mis padres, jugaba casi los mismos juegos que jugamos ese día con los niños: Fútbol, carreras de caballos, mata gente, etc.; y recordaba con claridad cuando de pequeño ya era la hora de irme y recordé esa sensación que te da el ser un niño, estar feliz, y salir cansado de un parque al atardecer luego de disfrutar muchos juegos y llegue a la conclusión que viví un momento muy grato junto con ellos.


Sinceramente, me gustaría volver porque esos niños generan en mí una sensación de satisfacción y de amor a la vida cuando los veo reír y disfrutar cada momento que pasan con nosotros. La verdad espero cada día con ansias volver a la casita para poder aprender de ellos y que ellos aprendan algo de mí. Creo que esos niños, de alguna u otra forma generan en cada uno de nosotros, más ganas de luchar por lo que nos proponemos y que el ser feliz depende únicamente de nosotros, sin importar qué tan grave o no sea el problema o los problemas que tengamos porque debemos ser como esos niños: que se olvidan de sus problemas y viven cada día al máximo, como si fuera el último, y sin que me lo hayan dicho directamente, esos niños me han enseñado algo muy valioso que seguramente me será muy útil ahora y en muchas partes de mi vida proyectándome al futuro. Extraño a esos niños y de todo corazón, me gustaría que se recuperen para poder verlos crecer y ser alguien en la vida, y creo que esos niños sin querer queriendo nos invitan a soñar que con actitud y voluntad, todas nuestros sueños y metas pueden convertirse realidad. Espero con ansias volver y que esos niños me alegren un día, otra vez.

lunes, 7 de abril de 2014

1º Jornada de Ciudad de Dios

Inesperadamente, días antes de que culmine la primera semana de clases de este año, nos sorprendieron a todos avisándonos de que ese sábado sería la primera jornada de Ciudad de Dios; por tratarse de la primera semana de clases, era evidente estar molesto por la decisión tomada por los organizadores de realizarla un fin de semana de la primera semana de clases, pero luego de tantas discusiones opté por ir a esta primera jornada y esto fue lo que pasó:

Como toda primera jornada de años anteriores, se realizó en mi colegio el pasado sábado 8 de marzo del presente año, se reunieron toda la promoción 2015 de mi colegio, con los organizadores de esta primera jornada: algunos profesores, alumnos de 5º de secundaria, y ex-alumnos del colegio, además debíamos asistir con el polo de nuestra respectiva casa, son un total de cinco casas las cuales son: Milán, polo blanco; Hipona, polo azul; Cartago, polo rojo; Tagaste, polo amarillo; y Madaura, polo verde. Entrando al colegio tuvimos que inscribirnos en las listas para que los organizadores de este evento tomen nota de nuestra asistencia y luego de algunos minutos de espera se dio inicio a esta primera jornada.

Cuando ya estábamos en la hora de inicio, nos dieron la indicación de ingresar a la sala de audiovisuales, y como ya nos habían explicado días anteriores, gran parte de esta primera jornada se llevaría a cabo agrupándonos por las casas de olimpiada, por lo que en audiovisuales me ubiqué con los demás integrantes de mi casa, Hipona. Luego se presentaron cada uno de los organizadores, o como se hacen llamar miembros del staff, y después de algunos malentendidos y falta de organización y/o preparación por parte de los miembros del staff, se dio inicio a la parte seria de la jornada la cual involucraba a algunos profesores(particularmente quien me pareció que destacó entre los profesores que dieron su testimonio fue Jesús Chávez), quienes voluntariamente dieron uno a uno sus testimonio de vida de cómo Dios entró a sus vidas y del mensaje que sin darse cuenta desde hace algún tiempo quería darles: el de construir la Ciudad de Dios y de transmitir este mensaje a gente joven de generaciones posteriores a las de ellos que tenga la voluntad y esté en perfectas condiciones  de poder ayudar a gente que realmente nos necesita, y de alguna u otra forma el mensaje que los profesores nos quisieron transmitir fue eso, que Dios nos escogió para que cada uno de nosotros con nuestro ladrillo podamos construir su ciudad, la Ciudad de Dios. 


Posteriormente nos dirigimos a la cancha de fútbol para realizar algunas actividades o dinámicas por casas, como por ejemplo hacer una coreografía como la barra de la casa, o jugar a que las pelotas de vóley no entren en los hoyos ubicados en las partes de un mantel que tengan el color de tu casa, etc; y en cada una de ellas utilizamos algunos de los objetivos CAS, como organizar actividades al momento de llegar a un acuerdo para la coreografía y en otros juegos conocerse, aceptarse y superarse para reconocer nuestros defectos y virtudes, y así designar quien iba en cada juego.
Horas más tarde, tuvimos un pequeño refrigerio y regresamos a la cancha de fútbol para agruparnos por salones y realizar la última dinámica, la cual consistía en pasar una pelota de fútbol de un arco hacia el otro con la mano, donde todos los alumnos de mi salón(4º D), debíamos participar. En esta dinámica también debía participar nuestro tutor, Antonio Cangalaya, quien previamente nos lideró con inspiración dándonos una estrategia para ganar el juego, donde cada uno de nosotros Conocimos, aceptamos y superamos nuestros defectos y virtudes para ubicarnos bien en el campo y repartirnos bien nuestros roles organizando actividades. Nadie logró pasar la pelota de un lado al otro y cuando era nuestro turno no defraudamos a nuestro tutor y cada uno de nosotros nos comprometimos y nos esforzamos, además de buscar la verdad y actuar con coherencia y finalmente fuimos el único salón en pasar la prueba y logramos ganar el juego.


 

Finalmente retornamos una vez más a audiovisuales, donde se nos designó el lugar donde debíamos realizar a lo largo del año nuestra labor social, la cual es ayudar y sacar una sonrisa a los niños con cáncer de CASITA DE LA PAZ; y como no podía faltar, el director del colegio, Fray Elías Neyra nos dio una pequeña charla motivadora dándonos a entender cuál era el verdadero significado de Ciudad de Dios, el cual era ‘agarrar la pelota’ con seguridad y firmeza en lugar de muchos que probablemente la esquiven y se la dejen a algún compañero de atrás; entonces luego de esta jornada creo que Ciudad de Dios es un proyecto en el cual cada uno de nosotros debe coger un ladrillo y ubicarlo donde nos parezca conveniente para que poco a poco, en el transcurso de estos dos años de IB, podamos construir la Ciudad de Dios, y lo más importante es que a pesar de que la pelota vaya a una velocidad y con una fuerza increíble nosotros debemos cogerla con seguridad y no debemos dar un paso al costado para que la agarré otro, si la pelota va hacia nosotros, sin lugar a dudas debemos agarrarla y aportar lo que sepamos para que en este proyecto CAS, todos juntos podamos construir la Ciudad de Dios.