Era mi turno de volver y tenía todas las ganas de sacarles
sonrisas a mis pequeños; pero no podía estar presente durante toda esa clase, mi
tutor dijo que me tocaba “estar en el balcón”. El coordinador se encarga de
supervisar cada una de las aulas. Al enterarme me quedé anonadado, no podía
creer que alguien como yo fuese designado coordinador, no estaba en condiciones
de asumirlo. Me ilusioné con que se arrepienta y quería pedirle que me retire
del cargo, no me sentía para nada preparado. Nunca demostré ser un líder que
podía encargarse de una visita, siempre tuve una actitud pasiva, me escondía
cuando necesitábamos un líder. Un día antes me sentí destrozado al enterarme de algo muy doloroso, mi ilusión
de reconciliarme con alguien especial estaba y está casi muerta; no tenía otra
preocupación y no quería ir a ninguna parte porque tenía los ánimos abajo. Pero
me puse a pensar en artistas que muchas veces tenían presentaciones justo
cuando había muerto algún familiar. Ellos salen al escenario con ganas de
satisfacer al público como si nada hubiera pasado; eso es ser profesional y como
dicen: “el show debe continuar”; eso me
motivó a asumir el reto.
Al llegar no tenía idea cómo exactamente se cumplía con
esta labor. El coordinador de 4º E fue Aarom, una persona muy abierta que
trabaja en comunidad; y me ayudó en esta nueva experiencia. Ambos organizamos nuestras
actividades turnándonos cada 15 minutos por salón supervisando, nos poníamos
de acuerdo para tomarnos fotos reflejando nuestra labor ya que al encargarnos
las fotos era difícil que nos tomen una. Nos comprometimos desde un inicio
al asumir esto y nos esforzamos al supervisarnos mutuamente y apoyarnos
cuando un salón necesitaba ayuda.
Cuando en Inicial trataban de escaparse, íbamos a la puerta a evitar que
salgan. En una de esas me encontré con uno que estaba sólo y triste mirando la
parte trasera del colegio, le pregunté por qué no regresaba con sus amigos y me
dijo que no eran sus amigos porque siempre lo trataban mal o se burlaban de él;
le pregunté si quería regresar a casa y lleno de lágrimas dijo que quería ver a
su papá. Al escucharlo recordé cuando pasé algo parecido a su edad, y le dije
algo que ahora me sirve para sonreír: “No es cierto que nadie te quiere, hay
una hermosa persona dentro de ti, tarde o temprano vas a encontrar gente
increíble que te va a querer un montón por como eres. Dios te esta dando la
oportunidad de conocer gente buena en este lugar, debes aprovechar al máximo
cada minuto que tienes con ellos. Vamos, entra y ¡Diviértete!”
Cuando en 3º y 4º se ponían muy juguetones, nos acercábamos a ayudar a
los encargados de esas secciones y tranquilizábamos a los niños; en 5 y 6º no
hubo tantos inconvenientes. En 1º y 2º cuando nuestros compañeros querían hacer
una dinámica algunos niños se alejaban tristes y aburridos a una esquina, o se
escondían debajo de las carpetas arrimadas y entré para tratar de poner orden
sabiendo que ellos ya me conocían.
Haciendo todo esto, buscamos la verdad de
lo que realmente pasaba en los salones y actuamos con coherencia apoyando
todos los grados porque el proyecto de una forma más global consiste en
apoyarnos mutuamente para construir una mejor Ciudad de Dios.
Culminado mi turno como supervisor no quería quedarme haciendo nada y
opté por ingresar a Inicial al haber compañeros de mi salón y me dieron confianza.
Me acerqué al pequeño que ayudé hace unos minutos a preguntarle si estaba mejor
y 3 o 4 niños me tomaron por sorpresa
cuando se me lanzaron encima y no tenía idea de cómo controlarlos.
Fue el momento más bonito de la visita, me sentí bien por el cariño que
me transmitieron esos niños y porque ayude a mis compañeros que me necesitaban.
No solo trabajé en comunidad sino que sentí que trabaje con mi
comunidad, la comunidad de mi salón donde siento confianza y recuerdo viejos
tiempos del anterior proyecto. Me agradecieron por ayudar a controlarlos luego
de eso y hasta se tomar un ‘selfie’ con los niños amontonándose como podían en
mí. Nunca olvidaré un día como ese.






